Inclusión y diversidad: variaciones sobre el tema de la vida. El seminario virtual 2018

Timothy Ireland es profesor de educación de adultos en la Universidad Federal de Paraiba, en João Pessoa (Brasil).

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ireland.timothy@gmail.com

 



 


Los problemas que plantean la inclusión y la diversidad en el ámbito de la educación de adultos son profundamente complejos. Por eso fue el tema de nuestro último número de EAD, y del seminario virtual celebrado en marzo de 2018. Debatimos sobre la metodología de enseñanza inclusiva, el uso de las narraciones y de los testimonios biográficos como una manera de ayudarles a las mujeres a expresar su identidad sexual, el teatro como herramienta de desarrollo, y la composición del personal que trabaja en el ámbito de la educación de adultos. Los autores (cuatro mujeres y un hombre) provenían de Palestina, Austria, Zambia y Jamaica. Sus textos provocaron una amplia variedad de reacciones. Sobre la base de estos debates, ¿cómo percibo yo la relación entre inclusión, diversidad y educación de adultos?

La uva de la vida

Parto de la base de que todos somos iguales, como también somos todos diferentes. Somos todos iguales, porque “la vida“ es el denominador común, el elemento común que todos compartimos y que nos iguala unos a otros. Pero la manera en que esa vida logra expresarse también nos hace distintos. Así pues, no podemos limitar nuestro debate sobre la inclusión y la diversidad a una visión estrecha de la educación como un espacio neutro, que no se ve afectado por lo que ocurre en su entorno. Como sostuvo Paulo Freire en su Pedagogía del oprimido al analizar la metodología de la alfabetización: “No basta con saber leer que ‚Eva vio la uva‘. Es necesario comprender cuál es la posición que Eva ocupa dentro su contexto social, quién trabaja para producir la uva y quién se beneficia con ese trabajo“.

La educación se enmarca en el contexto de la globalización, y la globalización no es un proceso homogéneo que afecte de manera igualitaria a todos los países o incluso a distintas regiones de un mismo país. La globalización no es un fenómeno inclusivo, comoquiera que se la presente.

Las relaciones entre el Norte Global y el Sur Global, o entre las naciones desarrolladas y en desarrollo, tampoco son inclusivas. Representan relaciones de poder que permean todas nuestras acciones y relaciones, sean de carácter económico, cultural, social o educativo. Como señaló Meenu Vadera en su ponencia: “(…) No solo las personas son distintas, sino que además existen relaciones de poder definidas que garantizan que se conserve y se mantenga esa diferencia para beneficio de unos pocos”. Manzoor Ahmed continúa en esta misma línea al afirmar que “La condición de clase y las circunstancias atraviesan las capas de la diversidad (…) y tiñen las percepciones, las mentalidades, la autoestima, la confianza en sí mismo y las expectativas sobre nuestra vida”.

Integración no equivale a inclusión

La estructura de poder sobre la cual se fundan nuestras sociedades de clase no permite la inclusividad, y no debemos confundir integración con inclusión. Ambas se basan en la exclusión, o en lo que podría llamarse inclusión tutelada. Inclusión no significa ser aceptado en el sistema de normas de otro grupo. La inclusión forma parte de nuestro derecho humano a la igualdad y a la dignidad humana. En nuestro mundo desigual, inclusión suele significar ser aceptado y acatar las normas establecidas por los miembros. En teoría, todos nacemos iguales, aunque en la práctica hemos de admitir que un niño negro nacido en Soweto, Sudáfrica, probablemente no tendrá las mismas oportunidades en la vida que otros niños blancos nacidos en una familia de clase media en Boston, Estados Unidos.

Por tanto, no podemos esperar que la educación por sí sola “corrija” el problema de la exclusión, o que garantice o genere inclusión; tampoco puede neutralizar el tipo de discriminación que fomentan nuestras sociedades. La educación puede —y frecuentemente logra— exacerbar la exclusión o conducir solo a una inclusión restringida. La educación de adultos en muchos países es una modalidad compensatoria o de segundo orden destinada a personas que se han transformado en ciudadanos de segunda clase. La educación suele ser un proceso que niega la diversidad en nombre de la metodología y procura homogenizar en nombre de un falso consenso, o de la así llamada cohesión social.

¿Cómo, entonces, podemos intentar incluir sin negar, al mismo tiempo, la diversidad? ¿Cómo podemos incorporar la diversidad en la sala de clases y en nuestras prácticas educativas? Freire escribió que incluso si la educación por sí sola no logra transformar la sociedad, ésta, sin embargo, no puede cambiar sin la educación. Continúa señalando que “no es la educación sistemática la que moldea de alguna manera la sociedad, sino que por el contrario, es la sociedad la que, según su estructura particular, modela la educación en relación con los fines e intereses de quienes controlan el poder en esa sociedad“. Sin embargo, también señala que “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que cambian el mundo”.

“El derecho a la educación no debería depender del hecho de ser incluido.”

La verdadera motivación de la lucha

Lo anterior nos lleva a analizar las opiniones de Rima Abboud, de Aswat, Palestina, sobre la educación como parte de una lucha más amplia por la justicia y la libertad. “Creemos que no podemos defender la causa de las personas LGBTQI+ si no adoptamos una postura abiertamente contraria a la opresión, la ocupación y la discriminación de otros grupos y personas, o si nos hacemos cómplices de medidas que perpetúan mecanismos opresivos y discriminatorios”. Por eso Freire hacía constantemente hincapié en la naturaleza política de la educación. La educación nunca es neutral. Se trata de un proceso político que obedece a una agenda política, que fomenta la opresión o la emancipación. Así pues, la educación de adultos puede ser empleada para guiar las ovejas al redil, como es el caso de muchas campañas masivas de alfabetización, o puede ser concebida como un medio para intentar despertar conciencia crítica, para fortalecer la autonomía y la participación.

El derecho a la educación no debería depender del hecho de ser incluido. Con todo, teniendo en cuenta la estructura de clases que prevalece en nuestras sociedades, que son exclusivas en vez de inclusivas, la educación solo logrará incluir de manera igualitaria a las personas si contribuye a que adquiramos una conciencia crítica de nuestras diferencias —en toda nuestra diversidad— como una dimensión fundamental de nuestra humanidad. No aprendemos a vivir, sino que aprendemos viviendo o vivimos aprendiendo. 

Seminario virtual 2018

Todas las ponencias presentadas en el seminario ­virtual pueden leerse en línea en http://virtualseminar.icae.global/

Las grabaciones en vídeo de los seminarios están disponibles en Youtube:
Seminario web con Shermaine Barrett (Universidad Tecnológica, Jamaica) sobre el concepto de “Reflexividad”: https://bit.ly/2NTMw64
Seminario web con Selina Banda (Universidad Abierta de Zambia) sobre “Teatro para el desarrollo”: https://bit.ly/2PGyUfS

Educación de Adultos y Desarrollo

Número 84 > “Inclusión y diversidad”

Aún se encuentran disponibles ejemplares impresos gratuitos del nº 84 de Educación de Adultos y Desarrollo sobre “Inclusión y diversidad”.
Pueden solicitarse en

info@dvv-international.de